viernes, 4 de agosto de 2017

El trébol

Esta mañana cuando bajé hasta el muelle
para ver la laguna
le vi una capa de escarcha
que la cubría,
casi en su totalidad.
El sol no alcanza a entibiar el agua
que se heló durante la noche,
además es muy temprano todavía
y el paisaje parece transparente
incluso sin contorno, debe ser efecto de la niebla
¿donde está el color?
Podría ser plata,
lo que se muestra bajo la escarcha o a través de ella,
¿es blanco?
¿es blanca la escarcha sobre la laguna?
El agua no tiene tonos, matices,
es del color de su reflejo.
La laguna toma el azul incipiente del cielo
el verde de los pinos, el rojo otoñal de los juncos.
¿Es diáfana esta mañana?
La luz podría ser verde, se empareja con la vegetación.
El agua, un prisma de pequeños cristales de hielo
y todo absolutamente quieto.
¿Qué puedo hacer con este paisaje?
Estoy tratando de nombrarlo
como si pudiera,
como si fueras a pedirme que hable
que te diga algo de la casa  
del bosque alrededor
de la noche, el cielo negro atrás
las montañas
la nieve que resplandece.
¿Qué hay acá que me nombre?
Adoro, la calma de este paisaje inmóvil.
La escarcha,
sus cristales partidos, uno al lado del otro
deben reflejar al cielo su color.
¿Es color plata entonces? ¿es de color la luz?
Allá, los pinos parecen más verdes.
Y no vi las montañas,
estaban ocultas en la niebla.
Las olvidé hasta que aparecieron.
Ahora el sol las mueve,
ahora las cosas son más nítidas.
Las veo asomar de a poco.
Quiero contarte el modo en que la laguna
refleja exacto lo que la rodea.
Los juncos, la nieve
que sobrevive en la madera del muelle
en el pasto, en las raíces de los arrayanes
la hiedra sobre el pino más alto frente a la casa.
Si vieras ahora,
si vieras, dos patos llegaron,
quiebran la escarcha, su naturalidad
me hace admirarlos.
Admiro sus alas, vuelan tan livianos.
Ahora que el agua también se mueve
pienso en los espejismos
que creemos ver a lo lejos, en la ruta
durante el verano.
Esas lagunas, ¿no son también reales?
Esto es real, digo.
Te estoy hablando, es un pedido secreto
¿podría alguna vez,
volver al esplendor que vi esa mañana?
Era parecido al lago,
la escarcha, su frío,
titilaba como estrellas
y me recuerdan, ahora
mi propia tibieza.




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