miércoles, 9 de agosto de 2017

El bagual

El bagual,
caballo de las pasturas,
cerca de la casa
domado y tierno,
se dejaba acariciar por los hombres del campo
por las manos de las mujeres dulces,
el bagual, el mismo que ahora es cimarrón,
encontró al salvaje,
al silvestre,
abandonó lo humano
y su intención de nombre.
¿Alguien lo lastimó? ¿acaso cruzó un umbral?
El bagual se hizo libre,
por voluntad.
Ahora habita en los bosques lejanos,
adonde no llega nadie para verlo.
¿Tiene recuerdos el bagual?
¿extraña a alguien?
¿supo lo que abandonaba?
El único riesgo posible del movimiento
es el rechazo.
Si fuera yo lo salvaje,
si solo dejara que mi cuerpo
pueda ser otra cosa y no una espera,
que sea entonces
ese movimiento del agua
que va clareando, un compás con el viento.
Si fuera yo lo salvaje,
lo demás no sería
en verdad importante.
Lo verdaderamente importante es esto,
el miedo de acercarme a él. 
Que diga no, que no responda.
Querer huir, ser bagual silvestre
escondida,
bagual que se abrió al bosque
cimarrón de lo indecible,
la preciosura,
a salvo.


Foto: James Moreton

viernes, 4 de agosto de 2017

El trébol

Esta mañana cuando bajé hasta el muelle
para ver la laguna
le vi una capa de escarcha
que la cubría,
casi en su totalidad.
El sol no alcanza a entibiar el agua
que se heló durante la noche,
además es muy temprano todavía
y el paisaje parece transparente
incluso sin contorno, debe ser efecto de la niebla
¿donde está el color?
Podría ser plata,
lo que se muestra bajo la escarcha o a través de ella,
¿es blanco?
¿es blanca la escarcha sobre la laguna?
El agua no tiene tonos, matices,
es del color de su reflejo.
La laguna toma el azul incipiente del cielo
el verde de los pinos, el rojo otoñal de los juncos.
¿Es diáfana esta mañana?
La luz podría ser verde, se empareja con la vegetación.
El agua, un prisma de pequeños cristales de hielo
y todo absolutamente quieto.
¿Qué puedo hacer con este paisaje?
Estoy tratando de nombrarlo
como si pudiera,
como si fueras a pedirme que hable
que te diga algo de la casa  
del bosque alrededor
de la noche, el cielo negro atrás
las montañas
la nieve que resplandece.
¿Qué hay acá que me nombre?
Adoro, la calma de este paisaje inmóvil.
La escarcha,
sus cristales partidos, uno al lado del otro
deben reflejar al cielo su color.
¿Es color plata entonces? ¿es de color la luz?
Allá, los pinos parecen más verdes.
Y no vi las montañas,
estaban ocultas en la niebla.
Las olvidé hasta que aparecieron.
Ahora el sol las mueve,
ahora las cosas son más nítidas.
Las veo asomar de a poco.
Quiero contarte el modo en que la laguna
refleja exacto lo que la rodea.
Los juncos, la nieve
que sobrevive en la madera del muelle
en el pasto, en las raíces de los arrayanes
la hiedra sobre el pino más alto frente a la casa.
Si vieras ahora,
si vieras, dos patos llegaron,
quiebran la escarcha, su naturalidad
me hace admirarlos.
Admiro sus alas, vuelan tan livianos.
Ahora que el agua también se mueve
pienso en los espejismos
que creemos ver a lo lejos, en la ruta
durante el verano.
Esas lagunas, ¿no son también reales?
Esto es real, digo.
Te estoy hablando, es un pedido secreto
¿podría alguna vez,
volver al esplendor que vi esa mañana?
Era parecido al lago,
la escarcha, su frío,
titilaba como estrellas
y me recuerdan, ahora
mi propia tibieza.




domingo, 30 de julio de 2017

No sé si te dije


Hay algo que no se pierde.
No sé si te dije,
pero el otro día, mientras ella
caminaba por la vereda
por primera vez con nieve para nosotras,
le vi el paso, igual,
como si llevara tus pies, mamá.
Debe ser por eso que a veces tengo tanto miedo.
Pero hay algo que no se pierde, me digo,
recuerdo, creo,
puedo conquistar el cielo.
Quiero creer que ese resto de aire
que dejo salir cuando estoy riendo
como si fuera un pequeño grito, es una marca del goce,
un agudo que suena a tu risa.
Hay algo que no se pierde,
¡buen día! hay pan para tostadas y mermelada casera,
hasta luego, besos Ma.
Hay algo, diría
esta vez que te escribo veo el cielo
por ejemplo, más claro.
Es mentira, si hay nubes, igual
puedo ver el cielo que tenga ganas de ver.
¿Hay apuro?
decime mamá, ¿tengo que llegar ahora a alguna parte?
¿tengo que olvidar algo? ¿es necesario?
¿tengo que perderlo?
¿hacer de cuenta que no amé nunca?
No sé,
a veces lo que extraño no es visible,
no hay una escena.
¿Es real entonces,
que no haya rastros?
¿La única forma de volver a amar es esa?
Lo que se pierde
es lo mismo que se devuelve.
Y podría no ser un sacrificio.
¿Estás cerca?, tu alma, digo, ¿tanto
como para verme?
¿para celebrar conmigo la posibilidad
de haber perdido lo que perdimos,
para ahora recibir esta vida?
Hay una mano, casi desconocida,
que podría tocarme.
Hay algo que no se pierde.




(Ph: Ángeles Peña)

miércoles, 12 de julio de 2017

Cuba

Te escribo
solo para decirte
que quisiera recordar, como vos
una isla.
La costa brillando, segura
mientras las canoas traen peces,
corales, algas, perlas,
amplias aletas de bichos del mar.
Una isla donde una niña
salta de una balsa al agua,
nada hasta la orilla
si quiere, si lo desea
o puede quedarse suspendida,
en ese quiebre del sol con el mar,
en la transparencia con el cielo.
Y no sé si pedí por eso,
pero te escribo
solo para decirte
que sus manos parecían de oro.
Y eran lentas
como cangrejos perdidos,
cangrejos que aún se mueven,
que no soltaron la vida.



(imagen A. Tarkovsky)

miércoles, 5 de julio de 2017

Constelación

A Cecilia Fanti

El camello muere sin su madre.
El mono nace y se apoya en su pecho
para aprender el ritmo del latido
y después, vive.
¿Supiste lo que dolía?
Una muerte no es más que un quiebre
en la matriz de una posible historia.
¿Supiste a quién seguir
o de dónde volver?
No hay un punto de retorno.
Mi amiga bordó para mí
una frase,
sé que el cosmos cuida a todos por igual,
en rojo y sobre un cielo negro de noche
en medio de estrellas.
La sangre traza un destino,
mitad luz, mitad sombra.





martes, 27 de junio de 2017

No insista


Para poder pedir otra cosa,
para volver a mirar debajo de las piedras
en el borde de la escollera
contra la rompiente,
no insista.
Va a quedar algo del cuerpo,
vivo
va a venir a decir, no me olvides
va a volver con el oleaje.
Puede ser un modo de ver lo que no fue.
Después el cielo despejado,
después el aire
como un nacimiento,
y ese cuerpo, ahora siempre suyo,
para dejarse ir, saltar el dique.



domingo, 25 de junio de 2017

Mirá

a Paula Jiménez España

Mirá esta hoja, dice mi amiga
y se agacha a levantarla del suelo.
No hay luz en la vereda,
salvo las estrellas,
y ahora
esta hoja recién caída
que resplandece.
Ahora el aire
helado.
No importa, así está bien.
Así también puede estar bien.
Sentir el frío 
como una flecha que anuncia
un destino.
Mi amiga abre la palma de su mano
que tiene la forma de una estrella
que tiene la forma de la hoja.
Habíamos quemado algo antes
habíamos estado en medio de un incendio.
La escoria era esta hoja
como de sangre
y todavía viva.










miércoles, 7 de junio de 2017

Qué es el amor


Qué es el amor, me dijo.
Levanté la vista
vi sus ojos 
plenos y dispuestos,
tenía en la pupila el rastro de una ola.
Tenía en las manos, 
algo que había desprendido del jardín.
Qué es el amor, me dijo.
Esta mañana él la besó en los labios,
otra vez.
Le dejó la boca tibia
húmeda y floreciente.
Le dejó un agua.
Como nadar,
eso.
Abrir los brazos
dejar que el agua entre
inunde todo lo que tenga que inundar
y así destruya lo que tenga que destruir.
Abajo del agua todo resplandece.
Nadar
como pulir una madera hasta que encandile
como dejarse ir en una corriente
que no sabemos hacia dónde.
Qué es el amor, me dijo,
lo miré a los ojos
y no se ocultó
y sostuvo la oscuridad de la sombra en el fondo
y la claridad del sol en la superficie.
Una ola, y otra y otra.
Esto que escribo no alcanza nunca.
¿Qué es el amor? me dijo.


jueves, 4 de mayo de 2017

Escritura


Tengo por primera vez en casa
el escritorio de mi madre.
Por qué digo mi madre
y no mamá,
si digo mamá es como llamarla
y no tendría sentido,
no va a responder.
La madera lustrada, clarita y brillante
queda muy bien
con el verde de las plantas
que elegí para el living.
Pero ahora
mientras escribo
estoy sentada en la mesa que da a la ventana,
en la mesa de espaldas
al escritorio que era de mi madre.
Voy a preferir no verlo
mientras escribo.
O quizás pueda dibujar alguna hoja blanca
intentar reconocerlo
aunque él, no me conoce.
O quizás pueda moverme,
ir hacia él, acomodar mi silla
sentirlo cerca, tocar la superficie
esas marquitas que parecen trazos,
como si viera ahora
las manos de mamá creando algo.
Y quedarme ahí, otra vez
al lado de mi madre.



sábado, 29 de abril de 2017

La llegada

Despierto y es otro día,
el sol me muestra las cosas
más claras,
como si se hubieran vuelto
nítidas durante la noche.
No vas a leer este poema,
no vas a saber
ni siquiera que lo escribo.
El viento mueve las hojas
de las plantas
con tanta fuerza
que no sé.
Quiero salvarlas a todas,
pero puedo quedarme quieta
y esperar
que el destino sea lo que es.
Y cuando la voz del poema
te hable,
no digas nada.
No sabés lo poderosa
que puede ser la tierra
cuando recibe.





martes, 25 de abril de 2017

El tala

Me asomo a la ventana
de la casa donde el patio es un monte.
Tengo puesto un saquito,
tela de algodón dulce.
Sale humo de la taza de compota que preparé,
ya es otoño.
Sobre los pastos secos en la huerta
los tordos negros, pequeñitos
uno a uno
como abejas que planean
y así, unos benteveos
aleteando fuerte
pían mientras picotean la hierba,
el resto de la cosecha.
Veo a los pájaros
saltar como si bailaran
sigo de pie frente al vidrio.
No puedo moverme
quiero que ahí permanezcan.
Poder verlos,
hacer su fiesta sobre el yuyal.
Pican y vuelan
pican y vuelan,
los benteveos
están armando sus nidos.
Los tordos van detrás.
Entonces me acuerdo del tala
que apareció atrás
alto y sin una hoja,
después de la poda del cañaveral.
Tronco grueso, añejo y noble
custodiaba la casa.
Los pájaros se acercan
pero el árbol aún no está listo.
Mientras la luz se apaga
él los ve pasar igual que yo.
Inmóviles, los dos
esperamos el secreto
que asoma por esos brotes verdes
que puedan decir,
tengo un corazón
he vuelto,
puedo sostener mi propia casa.