lunes, 29 de agosto de 2016

Intención

También voy a irme del mundo,
como todos y como nadie,
y no se cuándo.
Yo que a veces no comprendo
ni a las flores
ni a esa cadencia
con que se apagan en el invierno
ni el desparpajo
con que brotan en primavera.
Hubo un espacio real,
era el presente
estoy acá me dijo.
Yo lo miré desconsolada.
No quiero saber que todo pasa
y se desprende del suelo
como el agua
que resbala sobre la superficie.
Quiero aprender a abandonar la vida
para no temerle,
para que la lluvia no me enseñe
lo que inunda
y sí lo que traspasa.


miércoles, 24 de agosto de 2016

Defensa

La tierra no iba a crujir
cuando yo saliera de ella
fresca como un pájaro
que rompió una cáscara.
Fue al revés.
Metí las manos en ese suelo húmedo
abrí la bolsa de nylon,
junté con los dedos
un puñado que fuera mío.
Una libertad distinta
en mi palma
viva la tierra de mi abuelo.
Una devolución sin guerra.
Yo te había dicho,
no te asomes a las flores
y vos fuiste igual.
Quisiste mirarlas de cerca
palparles los pistilos jugosos,
esa promesa.
Traje un carozo
corteza dura por fuera
corazón tierno guardado.
No hubo ningún sonido
salvo el del alma
restaurada
como un cuadro
que fue tajeado por el aire.
Ahora el aire
nos devolvía lo que el agua
no supo contener.





sábado, 23 de julio de 2016

La planta

No íbamos a saber 
de la fuerza del olivo
hasta probar sus frutos, 
carnosos y llenos de sal.
Hasta sentir, adentro del cuerpo
la línea viva
como un néctar negro de planta
que recuerda un camino.
No íbamos a saber 
de la forma del alma
hasta abandonarnos a ella.
El futuro se deshacía.
¿Te olvidaste de las flores?
Yo no, yo nunca
ni una sola vez 
dejé de mirar sus hojas.
No íbamos a saber de la muerte
sin antes morir con nosotros.
El cuerpo 
se había vuelto verde
era una piedra 
que dejó entrar al agua
lo que veíamos era el fondo de las cosas
el tallo terso
el brote limpio.
No íbamos a saber 
la precisión de sus colores 
hasta asomarnos a la luz.


domingo, 17 de julio de 2016

Revelación


Me mostró su corazón.
En las láminas
era un fruto
sobre esas placas que ahora
vienen en color.
Estaba ahí, rojo quieto
pero vivo,
sus venas eran raíces.
Latía en el tejido una fuente.
Los surcos partían desde el centro.
El tumor no lo tocó.
En la foto está intacto.
Tampoco a la médula
que es lo primero que late.
La forma que tenemos
antes de venir al mundo.
Me mostró su corazón 
abierto, brotaban sus colores
en ramas como un árbol.
Pedimos por él
en el más profundo secreto.


domingo, 10 de julio de 2016

Floración


Salieron tiernas las uvas
y eso que yo apenas
me atreví a mirarlas,
y eso que apenas les había visto ese sopor
del jugo cuando está por rebalsar,
un vino dulce en la nueva floración.
Así descubrí la manera de andar,
sin posibilidad de olvido
sin desarmarme,
reunida como un campo.
Hoy metí los pies 
en el agua fría del mar de julio
su temperatura era una flecha,
habíamos decidido ser felices
las plantas se abrían como las flores
las uvas chorreaban en primavera
y había que soportar la felicidad
con el heroísmo y la permanencia de los caracoles.







jueves, 23 de junio de 2016

Futuro

Podría ser que no fuera el invierno
las hojas o su sequía.
Podría ser que no fuera
más que un error
del que no teníamos idea.
Un error que no habíamos imaginado
como quien planta una semilla
y olvida el nombre y lo que nace.
No vimos al viento llevarse todo.
Era la marca que íbamos dejando
un surco en la tierra
una manera de no morir.
Desenterrar un bulbo
y preferir que espere
congelarlo
para que el tiempo
sea un punto quieto
que nos obedece.
Mucho más que el campo
que la arena
mucho más que el cielo,
así de grande
era lo que no vimos venir.
Podría ser que amo
las flores tal como nacen
podría ser que voy a evitar
doler siempre
aunque eso no sea posible.
Podría ser que lo que digo
se aparta y no llega
el sonido se apaga sin luz,
y no estás de ese otro lado.
Dejamos la bendición,
era un fruto
que no vimos desaparecer
era la potencia
terrible de la niebla
que tapaba los brotes salvajes. 


martes, 14 de junio de 2016

El jardín de adentro

No te había contado
del día en que vi un muerto
por primera vez.
Hasta que vino la escarcha
a mostrar su filo
su marca tiesa.
No había dicho nada
de ese miedo acorralado
como un lobo al acecho.
Y no llegó a ser una hora
el tiempo
que nos tuvimos ahí sentados
uno frente al otro.
Vos me mirabas
como quien mira algo ajeno.
Ninguno dijo la palabra fin.
Medí el tiempo
con la luz que daba
sobre los árboles, 
que seguía siendo la misma.
Había entre nosotros un cuerpo vacío. 
Pudo ser una despedida
y no la vimos.
Nada de lo que vivíamos
se parecía ya al dolor
y eso también dolía.
Aunque tengamos esa luz
en las plantas
más rojas de junio,
esa luz sobre el jardín de adentro,
tampoco morimos.