sábado, 25 de febrero de 2017

Milagro


Alguien que podría nacer
un almita dando vueltas, dijo.
Cerré los ojos
creí verla.
Era dorada y brillante
parecida a la luz  
que entra por la persiana
cuando amanece.
Puedo escribirle como si estuviera
de ese otro lado.
Como si pudiera pasar por el umbral
que también a mi
me nombra
la permanencia del rumbo
que todos compartimos.
No nací
sin la pausa de estar cerca
del cuerpo quebrado que tuvo mamá.
Pude haber sentido
una fuga,
en el mismo órgano donde crecí.
El almita debe saber todo eso
que después
al abrir su boca en este mundo
para poder vivir
olvidará.


lunes, 6 de febrero de 2017

Archipélago


El viento parecía gritar
como si algo le doliera
¿qué puede dolerle al viento?
Fuerte movió tanto los árboles
que pensé que se quebrarían,
que podría romperse hasta el cimiento de la casa,
pero no,
los troncos se torcieron, casi tocaban la tierra
y nada más.
Después volvieron a apuntar al cielo.
La perra se asustó
abrí la puerta, la miré a los ojos y le dije 
que todo estaba bien.
¿qué es eso?
que todo este bien.
Tengo miedo
pero creo en la idea de un refugio
hasta después saber que es mentira,
que no hay refugio posible.
Todo es parte de este gran mar principal
donde la tierra podría juntarse
pero está dividida.
Qué puede dolernos,
sino ver de cerca la imposibilidad de estar a salvo.


viernes, 6 de enero de 2017

Capullo

Estaba entre los tallos del romero que desprendí,
como la misma envoltura de la que brota una flor.
Vacía la casa de seda
único rastro de la transformación,
una placenta que será devuelta a la tierra
dorada y luminosa.
Fue una crisálida que no vimos.
El capullo cuida el nacimiento,
la oruga va a ser mariposa
y para eso se retira del mundo.
Quise crear para ella la misma casa de seda
cuando vi sus ojos despedirse.
Quise pedirle que recuerde ese punto del pasaje.
Abuela, morir a tus años puede ser hermoso.
Morir no siempre es desaparecer.


miércoles, 28 de diciembre de 2016

Carta


No se qué voy a decirte en la próxima carta que te escriba.
Algo del verano,
de las olas quebradas en la orilla,
sacando el jugo de la sal por todos lados.
Algo de los gritos que ahogo bajo el agua
dejando que la sal me queme un poco la vista.
No se si sabés, tu papá me dijo
que van a venir hasta este océano,
a tirar parte de tus cenizas acá.
Yo voy a estar ahí, le dije.
Pero no se que voy a decirte entonces.
Voy a querer mostrarte el rugoso de mis manos que no van a tocarte
o la agudeza de mi piel roja de sol.
No se qué voy a decirte cuando el agua
tan sin fin,
te lleve adentro.
Cuando las olas rompan, sigan rompiendo
y no se vea ni siquiera ese polvo seco que dejó el fuego.
Voy a querer quedarme muda
y vos vas a ser de sal,
blanca como la nieve que no conozco,
o como las gaviotas
que se juntan a la hora más linda de la tarde
a buscar su alimento.
Pero no,
amar es otra cosa.
Nada de esto tiene que ver con despedirte.
A veces creo que si fuéramos sabias como los peces,
así de desprendidas,
con ese corazón que no abandona el agua,
así de posible sería morir.



domingo, 4 de diciembre de 2016

Declaración

Voy a decirte
calma,
no mires más ese lado del cielo
no olvides lo que intuyas
no te esfuerces,
la vida se parece a una ola gigante
que rompe contra la orilla,
el agua forma en las piedras
marcas primitivas que desconocemos.
Voy a decirte
ahora,
los pájaros que suenan son tuyos.
Las flores de la casa
la tibieza de tus manos
el aire viejo que dejaste.
Voy a decirte,
todas las veces que sea necesario
no le debes nada a nadie
no importa la herida.
Ya no duele.

 

domingo, 20 de noviembre de 2016

Herida

Con la herida abierta,
me dijo.
No fue una noche llena de luces,
tampoco la vez que vi los pájaros
acercarse al suelo
piar tan fuerte,
y no grité.
Fue la vez que dije no quiero.
Fue una tropa de caballos salvajes
atravesando su cuerpo
hasta llegar al mío.
El corazón me daba golpes en el pecho.
Así,
como cuando él
venía para decirme que yo lo lastimaba.
Ser la culpable era una sentencia
y yo lo sabía.
Nunca preguntaron por mi herida.
Ahora puedo dejarla al descubierto
sin más refugio que el sol
para secar lo que duela.
Puedo vivir con la herida
en la punta de la mano
pero nunca como un arma.
El mal no es real,
quise decirle.
El mal es una confusión,  pensé.
La herida me hizo huir,
no olvidar
para qué vivo.




jueves, 10 de noviembre de 2016

Adonde haya un río

Supe de cosas que iba a querer hacer sola.
Presenciar la noche y su luz apagada
huir de las estrellas
palpar la textura de los bichos muertos
tocar el agua cuando hierve
dorarme la piel al sol
como si fuera el cuero
de los animales del desierto,
entibiar la leche de un hijo
salir corriendo sin rumbo
adorar mi desnudez
subirme al auto y darle arranque,
llevarme adonde haya un río.
Detenerme en la oscuridad
no ver nada por un rato,
amamantar
llorar con volumen alto
hasta quedarme sin escucha.
Soltar la mano de mamá
salir sin heridas
sangrar sin cicatriz.
Supe que no habría nadie más
que este corazón mío que late
y mi silencio para oírlo quedarse
cerca,
como un maullido
como una luz que no encandila.