domingo, 25 de junio de 2017

Mirá

a Paula Jiménez España

Mirá esta hoja, dice mi amiga
y se agacha a levantarla del suelo.
No hay luz en la vereda,
salvo las estrellas,
y ahora
esta hoja recién caída
que resplandece.
Ahora el aire
helado.
No importa, así está bien.
Así también puede estar bien.
Sentir el frío 
como una flecha que anuncia
un destino.
Mi amiga abre la palma de su mano
que tiene la forma de una estrella
que tiene la forma de la hoja.
Habíamos quemado algo antes
habíamos estado en medio de un incendio.
La escoria era esta hoja
como de sangre
y todavía viva.










viernes, 23 de junio de 2017

Los pinos


Esta mañana vi los pinos
sobre el cielo del cementerio,
a contra luz parecían apóstoles  
o grandes sacerdotisas en custodia,
¿los ves mamá? 
pasaron catorce años, y esta no es tu casa,
pero los pinos siguen ahí
y vos, abajo con tus huesos.
Y recién hoy, recién esta mañana
hace un ratito,
caminé otra vez hasta acá.
Me agaché a tocar el suelo, no era tierra
era de piedra por fuera tu casa.
Apoyé las flores.
Papá me dijo que me esperaba cerca,
hija, estoy cerca, mirando para el este.
Al otro lado de los pinos estaba el sol,
y estaba papá.
Yo tenía en las manos la carta para darte.
La quemé sobre la piedra.
Y ahí estaba tu foto, y ahí estaba tu nombre.
Acomodé las flores delante,
los crisantemos tienen el centro verde, ¿ve?
dijo el florista, van a abrirse en unos días.
Papá dice que a las flores, cuando ya están muy secas,
alguien se las lleva
quizás el mismo viento.
Después te acaricié en la foto,
en una de esas, vos también me ves
recortada entre los pinos y el sol,
de este lado, de esta vida.
Cuando nos fuimos, papá suspiró y dijo
no tengo palabras
a mí esto me da paz, no se de qué tipo,
no es moral, es de espíritu.



martes, 13 de junio de 2017

After life

Qué es lo que extrañás, me preguntó.
Cerré los ojos,
adentro pasaron las manos
las horas en la ruta
el silencio de la tarde 
en la ruta y correr hacia el mar.
Nada más. Todo lo demás,
decir su nombre.
Extrañar no es una desesperación, digo,
quisiera creer eso, quisiera.
Ella sabe, lo que duele tiene que doler, me dijo.
Pero cerré los ojos
y elegí la escena,
para llevarme
como si me fuera de la vida ahora,
y la casa está abierta
el sol en las ventanas
afuera la higuera repleta de higos dulces
es verano,
la perra viene corriendo hasta mí,
la abrazo, 
ella salta, haciéndome la fiesta.


miércoles, 7 de junio de 2017

Qué es el amor


Qué es el amor, me dijo.
Levanté la vista
vi sus ojos 
plenos y dispuestos,
tenía en la pupila el rastro de una ola.
Tenía en las manos, 
algo que había desprendido del jardín.
Qué es el amor, me dijo.
Esta mañana él la besó en los labios,
otra vez.
Le dejó la boca tibia
húmeda y floreciente.
Le dejó un agua.
Como nadar,
eso.
Abrir los brazos
dejar que el agua entre
inunde todo lo que tenga que inundar
y así destruya lo que tenga que destruir.
Abajo del agua todo resplandece.
Nadar
como pulir una madera hasta que encandile
como dejarse ir en una corriente
que no sabemos hacia dónde.
Qué es el amor, me dijo,
lo miré a los ojos
y no se ocultó
y sostuvo la oscuridad de la sombra en el fondo
y la claridad del sol en la superficie.
Una ola, y otra y otra.
Esto que escribo no alcanza nunca.
¿Qué es el amor? me dijo.


jueves, 4 de mayo de 2017

Escritura


Tengo por primera vez en casa
el escritorio de mi madre.
Por qué digo mi madre
y no mamá,
si digo mamá es como llamarla
y no tendría sentido,
no va a responder.
La madera lustrada, clarita y brillante
queda muy bien
con el verde de las plantas
que elegí para el living.
Pero ahora
mientras escribo
estoy sentada en la mesa que da a la ventana,
en la mesa de espaldas
al escritorio que era de mi madre.
Voy a preferir no verlo
mientras escribo.
O quizás pueda dibujar alguna hoja blanca
intentar reconocerlo
aunque él, no me conoce.
O quizás pueda moverme,
ir hacia él, acomodar mi silla
sentirlo cerca, tocar la superficie
esas marquitas que parecen trazos,
como si viera ahora
las manos de mamá creando algo.
Y quedarme ahí, otra vez

al lado de mi madre.



sábado, 29 de abril de 2017

La llegada

Despierto y es otro día,
el sol me muestra las cosas
más claras,
como si se hubieran vuelto
nítidas durante la noche.
No vas a leer este poema,
no vas a saber
ni siquiera que lo escribo.
El viento mueve las hojas
de las plantas
con tanta fuerza
que no sé.
Quiero salvarlas a todas,
pero puedo quedarme quieta
y esperar
que el destino sea lo que es.
Y cuando la voz del poema
te hable,
no digas nada.
No sabés lo poderosa
que puede ser la tierra
cuando recibe.





martes, 25 de abril de 2017

El tala

Me asomo a la ventana
de la casa donde el patio es un monte.
Tengo puesto un saquito,
tela de algodón dulce.
Sale humo de la taza de compota que preparé,
ya es otoño.
Sobre los pastos secos en la huerta
los tordos negros, pequeñitos
uno a uno
como abejas que planean
y así, unos benteveos
aleteando fuerte
pían mientras picotean la hierba,
el resto de la cosecha.
Veo a los pájaros
saltar como si bailaran
sigo de pie frente al vidrio.
No puedo moverme
quiero que ahí permanezcan.
Poder verlos,
hacer su fiesta sobre el yuyal.
Pican y vuelan
pican y vuelan,
los benteveos
están armando sus nidos.
Los tordos van detrás.
Entonces me acuerdo del tala
que apareció atrás
alto y sin una hoja,
después de la poda del cañaveral.
Tronco grueso, añejo y noble
custodiaba la casa.
Los pájaros se acercan
pero el árbol aún no está listo.
Mientras la luz se apaga
él los ve pasar igual que yo.
Inmóviles, los dos
esperamos el secreto
que asoma por esos brotes verdes
que puedan decir,
tengo un corazón
he vuelto,
puedo sostener mi propia casa.